Si el tiempo es una percepción…Si los minutos no existen en realidad,
Entonces puede ser que yo aún esté sentada afuera leyéndote en la galería, y vos me cuentes de muñecas que caen del cielo, atravesándolo como un meteorito, o sobre tardes en la laguna donde el sol ardía sobre la piel joven mientras pescaban ranas con las cañas apretadas entre las rodillas desnudas.
Puede que me cantes bien bajito algunos tangos o me recites los poemas que escribía tu tío, tomando mates amargos y de tanto en tanto, uno que otro dulce para mí. Parecías tener las respuestas para todo…
Si el tiempo no es real y es puro invento occidental, entonces puedo abrazarte otra vez, insistirte para que bailes conmigo canciones ridículas de bailes ridículos (aunque siempre te niegues) y pedirte que me cuentes sobre esa vez que viste ovnis dando vueltas sobre la ciudad.
En la realidad material existente, puede que mis moléculas estén todas juntitas todavía abrazadas a vos, o estemos atravesando en auto alguna provincia del norte, escuchando y cantando a gritos alguna canción de esos discos rarísimos de mil idiomas distintos de Marcos. Mis moléculas están acá y están allá, conviviendo en dos planos…juntas pero algunas aun te abrazan y otras no. Eso es el tiempo. Que estés y no estés.
Está tu voz y tu recuerdo y tus historias.
Estás en la garganta de tus hijos, atravesado.
Estás en mis ojos iguales a los tuyos. En la ceja de Lu. En tu libro favorito.
Me gusta esta idea del tiempo. Del no-tiempo.
Que mis células puedan existir en dos momentos y así no extrañarte tanto. Que no importe si a veces me encuentro con que olvidé el sonido exacto de tu voz, o como arrugabas la frente cuando te burlabas con muecas de mis ocurrencias, porque un pedacito de mi sigue en ese lugar.
El no-tiempo pasa (o no, porque ¿puede pasar lo que no existe?) y tus palabras siguen acompañándome porque recordar es mantener esa parte de mí que sigue en ese no-pasado ahí, mantenerme abrazándote, escuchando tus historias, seguir en dos lugares al mismo tiempo, o dos momentos, y creer de a ratos que aun estás acá y podes llegar en cualquier momento.
Quizás por eso no uso reloj. Para que mis moléculas no se den cuenta de que están desafiando todo principio científico escapando al espacio y el tiempo. Si ellas no lo saben se quedan ahí, con vos.
Después de todo, si el tiempo no existe,
Entonces no hay hora límite para irse.
Lena