He malgastado todos mis minutos, girando las agujas
Hasta retorcerlas
Y la piedra que me protegía de mi misma ya no cuelga de mi cuello.
Solía conocer todos mis talones de Aquiles.
He detenido la lluvia con mi lengua
Mientras las gotas se suspendían sobre nuestras cabezas, hasta que llegó el momento de regresar.
20 minutos robados en mi habitación.
Siete roces por debajo de la mesa.
Todas mis fichas convertidas en escombros y mis manos tiemblan.
Siempre un desastre.
¿Será el designio inevitable de mis ojos tristes?