Arrullan los pensamientos cálidos, sostenidos por un
hilo delgado, delgado, tan fino como baba del diablo, como patas de araña. Hay una
herida en mi mano que no sana desde hace tiempo y la carne está roja, abierta,
punzante; y yo la miro y pienso.
Qué fácil es hacernos daño a nosotrxs mismxs.
