domingo, 20 de octubre de 2019

A Pamelo,


   He terminado de escribir sobre gatos durmiendo al sol y culpas escondidas, así como ha terminado la lluvia. Por hoy, al menos.
   Hoy me saqué el anillo para amasar y me sentí desnuda. Me olvidé de volverlo a colocar y al mover una bandeja cayó al suelo y no lo pude encontrar.
   La jaula está vacía, la manta seca pero se supone que he terminado de hablar de eso. Ya está bien, dije, y lo está, pero aún no me he despedido. No escribí sobre el pelo que se caía a mechones, un puñado de tu melena en cada caricia.
   Tengo los dedos llenos de masa.
  Y me siento cruel por atarte a este mundo en mi afán de salvarte. Por no haberte podido bañar ese día. Por no dejarte subir a la cama.
   Sobre todo bajo las uñas, debería cortármelas.
Por no haber podido hacer más. ¿Cuánto fue? ¿Un mes, dos meses?  La cabañita ahora se siente más vacía. Pasará, como todo, pero me había acostumbrado a tus ojos fijos, mirando todo el tiempo, ronroneando tan solo con encontrarte con otra mirada.
  Hoy me saqué el anillo y pensé en lavandas. ¿Te gustaría ser una planta de lavanda? Siempre dormías cerca de las lavandas.  Siempre te escabullías y trepabas al sillón cuando nadie estaba mirando. Mordías fuerte.
   Espero que  ahora puedas dar todos los saltos que nos quedaron pendientes.
   Buen viaje.

No hay comentarios:

Publicar un comentario