He terminado de escribir sobre gatos durmiendo al sol y
culpas escondidas, así como ha terminado la lluvia. Por hoy, al menos.
Hoy me saqué el anillo para amasar y me sentí desnuda. Me
olvidé de volverlo a colocar y al mover una bandeja cayó al suelo y no lo pude
encontrar.
La jaula está vacía, la manta seca pero se supone que he
terminado de hablar de eso. Ya está bien, dije, y lo está, pero aún no me he
despedido. No escribí sobre el pelo que se caía a mechones, un puñado de tu
melena en cada caricia.
Tengo los dedos llenos de masa.
Y me siento cruel por atarte a este mundo en mi afán de
salvarte. Por no haberte podido bañar ese día. Por no dejarte subir a la cama.
Sobre todo bajo las uñas, debería cortármelas.
Por no haber podido hacer más. ¿Cuánto fue? ¿Un mes, dos
meses? La cabañita ahora se siente más
vacía. Pasará, como todo, pero me había acostumbrado a tus ojos fijos, mirando
todo el tiempo, ronroneando tan solo con encontrarte con otra mirada.
Hoy me saqué el anillo y pensé en lavandas. ¿Te gustaría ser
una planta de lavanda? Siempre dormías cerca de las lavandas. Siempre te escabullías y trepabas al sillón
cuando nadie estaba mirando. Mordías fuerte.
Espero que ahora puedas
dar todos los saltos que nos quedaron pendientes.
Buen viaje.
No hay comentarios:
Publicar un comentario