Hay tormenta y la noche se quiebra como una rama seca, aullando estan las almas a la espera del abrigo de un abrazo, temblando endebles y mustias cuando las ilumina la luna llena.
Dicen que son raras las tormentas en luna llena.
Más raro es que esta noche te enrosques sobre otros cuerpos y yo mire nuestras voces deslizarse lejos, como una fotocopia, un reflejo suave del pasado.
Me pican las manos de tanto extrañar tocarte y a la vez mi ego coquetea sin pausa en esta guerra de voluntades, buscando coronarse como la autoridad máxima, como la misma y soberana encarnación de la independencia. Es más fácil en ocasiones buscar una excusa: necesitas que te ayude? Me pelee con mis viejos, puedo ir a tu casa? Es más fácil decir eso, pienso, planeo, y no lo digo, no me gusta mentir. Pero sería más fácil decir eso que decir te extraño y quiero ir a dormir con vos, o un esperame que voy. Quiero cerrar los ojos y mudarme con vos pero quiero decirtelo de verdad y no con una excusa en los labios, que sea porque queremos y no algo circunstancial, fruto de los altibajos del momento. Cocinar mucho, pelear porque mi cabello está por todos lados, o porque perdiste mis aros. Caer en la atrayente trampa mortal de la rutina compartida y descubrir lentamente quienes somos bajo la piel y la carne.
Volví a ponerme el collar después de mucho tiempo, como una protección contra la niebla de luna llena.
La luna llena hace pensar mucho. Que rara la tormenta, che.
Que raro no verte.
Lena~•
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