La habitación se mueve
conforme sube el calor y yo
me hundo en el sillón
Bajo tus brazos
Un refugio de piel tibia menguante y
una luna que apenas se vislumbra bajo el peso de la tarde, aun pálida, delgada como cáscaras de huevo.
La pereza suave y lenta, un coletazo de sirena antes de morir... los últimos momentos de luz en un atardecer,
Se apropia de los huesos, se hacen porosos, los funde en la silueta de un abrazo,
y ahí está
el olor a té abandonado
El olor del miedo
Y tengo que aferrarme con las uñas a tu carne para no salir huyendo
Y las palabras que han pasado 325 días enterradas reptan por mi garganta
Y salen, casi temblando, de mi cuerpo
Un poco arrugadas y tan desnudas que aparto la mirada, y te beso, solamente, para que no puedas ver en mis ojos
el cadaver abierto de mi alma.
~Lena~.
No hay comentarios:
Publicar un comentario